Cuando era pequeña quería ser escritora. Luego estudié Medicina.
No fue una elección tan extraña como puede parecer. Siempre me habían gustado las ciencias y me interesaba, sobre todo, la parte humana de la profesión. Me especialicé en Anestesiología, trabajé durante años como médico, me casé con un traumatólogo y tuve dos hijos.
Y durante una temporada apenas escribí.
Entre las guardias, la familia y el cansancio, me dormía por las esquinas. La escritora seguía allí, pero sepultada bajo una bata, una hipoteca y una cantidad de sueño difícil de cuantificar incluso con criterios médicos.
Hasta que en 2008 abrí un blog para contar mi residencia como anestesista.
No tenía un plan maestro. Ni una estrategia de contenidos con casillas de colores. Ni sabía que aquel blog iba a cambiarme la vida. Solo quería escribir y contar, con humor, lo que sucedía en ese universo paralelo que son los hospitales.
Por casualidad, di con un nicho de mercado: el blog llegó a recibir 10.000 visitas diarias.
Gracias a él empecé a formarme en marketing online para ocuparme de las redes y la comunicación de una página médica. También llamó a mi puerta una editorial tradicional que quería convertir aquel tono y aquel mundo en una novela.
Así nació mi primera novela El blog de la doctora Jomeini, publicada en 2012 para España y Latinoamérica.
Durante unos años compaginé la Medicina con la escritura. Tenía un trabajo estable y una profesión respetable. Desde fuera, abandonar aquello para vivir de los libros parecía una idea bastante poco sensata.
Desde dentro, empezaba a parecer inevitable.
El momento decisivo llegó en diciembre de 2015, cuando intentaron echarme del trabajo. No pudieron hacerlo y, para mi sorpresa, me fastidió. Si te molesta que no te despidan, quizá no estás exactamente donde quieres estar.
Dejar la Medicina no fue una decisión romántica. Tenía hijos, hipoteca y todas esas cosas que no desaparecen porque una decida perseguir su vocación. Pero comprendí que prefería la incertidumbre de construir una vida alrededor de los libros a la seguridad de permanecer en un lugar que ya no sentía como mío.
En 2017, cuando mis primeros libros autopublicados, empezaron a generarme un sueldo con el que poder comer, dejé la Medicina para dedicarme profesionalmente a la Literatura.
En estos años, he publicado 13 novelas, 7 libros de no ficción, un poemario y he participado en varias antologías de relato.
He publicado con editoriales tradicionales (Planeta entre ellas) y también he autopublicado. He tenido colas en las librerías y cientos de paquetes para enviar en Correos.
Soy una autora híbrida porque conozco las posibilidades, las ventajas y las dificultades de ambos caminos. No creo que una forma de publicación sea moralmente superior a la otra: creo que cada libro necesita una estrategia y que un escritor profesional debe entender el sector para poder tomar sus propias decisiones y poder vivir de lo que escribe.
En 2014, los correos de otros escritores preguntándome dudas y pidiendo ayuda comenzaron a acumularse. Me preguntaban cómo podían darse a conocer, construir una comunidad, usar las redes sociales o vender sus libros sin sentirse vendedores de enciclopedias a domicilio.
Así nació Marketing Online para Escritores: MOLPE, para los amigos.
Mi formación en marketing online empezó por una necesidad práctica. Primero tuve que aprender a comunicar y vender mis propios libros. Después seguí formándome para comprender la estrategia, los contenidos, el posicionamiento, el email marketing, los lanzamientos y los modelos de negocio que permiten construir una carrera literaria sostenible.
Me apasiona el marketing porque combina dos partes de mí que parecían destinadas a no encontrarse: la científica que necesita analizar los datos y la escritora que sabe que, detrás de cada compra, hay una persona buscando una historia.
También me permite defender una idea en la que creo profundamente: escribir y vender no son actividades incompatibles.
Querer que te lean no devalúa tu obra. Aprender a promocionarla no te convierte en peor escritor. Y cobrar por tu trabajo no le quita ni un gramo de literatura.
Un libro no termina cuando se publica: termina cuando encuentra a la persona que necesitaba leerlo.
¿La buscamos juntos?