
Bienvenidos al podcast «El escritor emprendedor», el podcast donde hablaremos de los tres aspectos del escritor actual: la escritura, la edición y la promoción. Empezamos nuestro recorrido por la base, aquello que sostiene todo: la estructura de la novela.
Enlaces mencionados en el podcast:
Voy a empezar mi podcast hablando de cómo construir la estructura de tu novela.
¿Por qué hago esto? Porque una trama estructurada es como un puente sobre aguas turbulentas, en el que hay un inicio y un fin pero el puente se mantiene sobre sólidos pilares que son los puntos de giro y está sostenido por unos cables que son las escenas. De manera que tu habilidad para construir la estructura de tu novela va a determinar el éxito de tu libro. Si el libro no está bien escrito, da igual todo el marketing que hagas. Por eso, como esto es la base, decidí que era un buen punto de partida.
Seguro que como buen literaturadicto te ha pasado que un libro te ha llevado en volandas desde el inicio hasta el final. A mí, me pasó, por ejemplo, con La historia interminable. Como Bastian, era incapaz de dejarla y me la devoré en una noche. Ese «un capítulo más y ya», no me digas que no te ha pasado.
Eso quiere decir que el escritor que ha pensado esa novela tenía una estructura bien diseñada. Un plan muy bien trazado que te lleve desde el inicio del puente hasta el final pero vas atravesando un río de aguas turbulentas sin enterarte.
Uno de los fallos mayores que cometen los escritores novatos (y que sí, yo también lo he cometido) es no planificar sino empezar a enganchar una cosa tras otra, sin mucho criterio, y tirar millas.
Si una va ensamblando el puzle de la novela con un mapa delante y con un pegamento extrafuerte, el puzle queda mucho más fuerte que si una lo hace sin guía y con papel celo.
No me entiendas mal: sé que hay novelistas de brújula que no diseñan la escaleta de su novela, pero un escritor de brújula sí que tiene que tener clara una cosa: a dónde se dirige. Aunque tú no escribas punto por punto la escaleta de tu novela, sí que tienes saber cuál es el final y cuáles son los puntos de giro.
El papel de tu estructura puede ser tan importante como el correcto desarrollo de un personaje, el conflicto o la resolución de la historia.
Pero, ¿qué es exactamente la estructura de la novela?
Supón que estás en una carretera rural de noche, conduciendo. No ves nada a tu alrededor más que la luz de los faros del coche que ilumina el camino. Pero sabes, porque tienes un GPS, cuánto falta por llegar y por dónde tienes que ir. La estructura de la novela es ese GPS. Eso no quiere decir que veas el resto del camino desde el principio, ni sepas qué hay a tu alrededor. La segunda vez que pases por ese camino, en tu segundo borrador, será de día y verás claramente lo que te rodea, tanto que puede que no te haga falta el GPS porque el camino es conocido. Y si quieres parar a conocer mejor alguno de los parajes puedes hacerlo. Escribir una novela es muy similar.
La estructura es la forma en la que se desarrollan los hechos.
Pero esos hechos tienen que desarrollarse con un conflicto. Decía que, si en una novela solo pasan cosas, sin que exista un conflicto detrás, el lector se aburre. En tu novela tiene que existir un problema: del personaje contra la naturaleza o del personaje contra otro personaje.
Tu objetivo es enganchar al lector. Esa es la mejor forma de marketing. Tal vez, la única que funciona a largo plazo.
La mejor forma de crear conflicto es la muerte.
Existen tres tipos de muerte de tus personajes:
- La muerte física: el personaje está en riesgo de perder su vida. Por ejemplo, George R R Martin utiliza este tipo de conflicto muy frecuentemente. De hecho, uno de los factores que hace adictiva Canción de hielo y fuego es precisamente que nunca sabes quién va a morir.
- La muerte profesional: está en riesgo de perder su estilo de vida. Un ejemplo gráfico de este tipo de conflicto es El silencio de los corderos. Clarisse ve en riesgo toda su carrera profesional por cómo le influye el psicópata Hannibal Lecter.
- La muerte psicológica: está en riesgo de perder su forma de ser. Este tipo de muerte suele ser el habitual de la novela romántica. La mujer o el hombre se enamora y, si no consigue al otro, su vida se verá irremediablemente dañada. Como uno de los paradigmas de la novela romántica es precisamente el final feliz, es importante enganchar al lector para que exista esa ilusión de muerte psicológica previa.
Uno de los tres tipos de muerte tiene que estar presente en tu novela para que el lector se enganche. El punto de mayor intensidad de la novela, el clímax o punto de crisis es aquel en el que casi sucede la muerte del héroe. Así que decide el tipo de muerte que va a pender —como la espada de Damocles— sobre tu personaje.
Está claro que hay muchas formas de estructurar una novela, pero si eres un autor novel, yo te aconsejo que antes de experimentar, domines las formas convencionales de estructura.
La forma más sencilla de estructura es la estructura en tres actos.
Imagina el Golden Gate. Hay un inicio, un pilar que sostiene el primer tramo, un pilar que sostiene el segundo tramo y, por último, el tercer tramo descansa en el final.
La premisa en la que se basa esta técnica de estructura es que todas las narraciones pueden dividirse en tres actos:
- El primer acto: la primera parte de la historia. En ella se introducen los personajes y el conflicto sobre el que pivotará la narración.
- Luego viene el primer pilar: lo que se llama «el punto de no retorno« o «el guardián de la puerta». Es aquella situación en la que todo cambia. El guardián de la puerta de Harry Potter y la piedra filosofal es Hagrid con su moto, llevándose a Harry al callejón Diagon. Harry ya no tiene la posibilidad en ese momento de volver a su vida anterior.
- El segundo acto: aquí es donde encontraremos la chicha de la historia: la posibilidad de muerte y todas las subtramas que se irán desarrollando. El segundo acto es el que muestra el desarrollo de los personajes y los actos que consiguen que la historia avance. En el segundo acto de Harry Potter, el chico se entera de que alguien —Voldemort— quiere matarlo.
- El segundo pilar: es el segundo punto de no retorno. Es el momento en el que se hace inevitable la batalla final o la resolución del conflicto. Y empuja al personaje al tercer acto.
- El tercer acto: el clímax y la resolución de la historia. Es donde van encajando todas las piezas y los misterios se resuelven. Suele haber una gran batalla o enfrentamiento para el que nos hemos estado preparando durante toda la historia.
- También hay que tener en cuenta el mágico momento del medio. Es aquel momento en el que el personaje valora lo que tiene y decide enfrentarse al tipo de muerte al que le hemos encarado. Incluso si tenemos claro ese momento en nuestra trama, podemos diseñar el resto a partir de ahí. Es el momento de mayor transformación del personaje. Es, por ejemplo, cuando Ebenezer Scrooge se pone a llorar frente a su tumba.
Puede que pienses que todo esto que te estoy contando de las estructuras es una porquería y que tú vas a hacer las cosas a tu modo y no le vas a poner «trabas a la creatividad». Tú mismo. Planear una estructura antes de sentarte a escribir te facilita mucho el proceso de crear tu primer borrador. Tener algún tipo de esquema con las partes de tu historia bien definidas, te puede ayudar a terminarlo. Puede que más tarde, cuando hayas terminado, quieras volver y cambiar la estructura, no pasa nada. La estructura es el punto de partida, el mapa que te va a ayudar a no cometer errores y dar vueltas en círculos, sin llegar a ningún lado.
¿Cómo funcionan los tres actos?
Muchos escritores no quieren usar la estructura en tres actos para sus primeras novelas porque temen estar encorsetando su creatividad. Pero está claro que en nada se nace aprendido y, de la misma manera que tenemos que aprender a andar, también cuando damos nuestros pasos dentro de la literatura necesitamos taca-tacas que nos sirvan de herramientas para recordar cuáles son los elementos más importantes de una historia y tenerlos presentes. Por eso, vamos a profundizar ahora en la estructura en tres actos.
Acto primero: el inicio
Los textos clásicos para escritores, como, por ejemplo, el libro de la Gotham’s Writer, dicen que el primer acto debería ocupar, más o menos, el 25% de nuestra novela. Sin embargo, veremos que hay novelas en las que este primer acto no ocupa el 25%. Por ejemplo, en Los juegos del hambre, Katniss decide en el capítulo segundo tomar el lugar de su hermana. Y a partir de ahí, todo cambia en su vida.
En el primer acto, se presenta al protagonista viviendo su vida, conocemos sus problemas. Se le presenta la posibilidad de cambiarlo y aceptará meterse de lleno en el meollo o se negará hasta que se vea arrastrado hacia el cambio. Y se enfrentará al guardián de la puerta. Sea como sea, al final del primer acto, el protagonista estará metido hasta el cuello en la chicha de la historia.
Y, aunque en el primer acto tenemos que dar una introducción al mundo en el que se desarrolla la historia, es importante que empieces con acción. A mí me gusta usar una técnica que se llama in media res, que consiste en empezar con una escena de acción trepidante del medio y, luego, volver hacia atrás. Pero hay diferentes formas de plantear un inicio.
¿Cómo plantear ese primer acto?
Lo importante en el planteamiento es que enganchemos al lector a la trama. Y que desee seguir pasando páginas. ¿Cómo?
- A través del conflicto. Podemos empezar el primer acto directamente con el problema principal. Por ejemplo: «Una mañana, tras un agitado sueño, Gregorio Samsa se despertó convertido en un insecto». Esta primera frase de La metamorfosis, de Kafka, es un ejemplo de planteamiento de la historia a través del conflicto.
- A través de un diálogo: introducimos información de la historia a través del diálogo de dos personajes que empiezan a hablar.
- A través de la introducción de un personaje (ya sea con sus pensamientos o como narrador externo).
- A través de narrar el entorno: describimos el entorno en el que está el personaje y, a partir de ahí, su vida.
- A través de otros documentos: por ejemplo, una noticia en un periódico, o un informe judicial, o el informe de una autopsia. Es una forma original de iniciar una novela policíaca.
Acto segundo: el nudo o desarrollo
El segundo acto, también llamado nudo o desarrollo, abarca el 50%. El desarrollo incluye toda la miga de la novela. El protagonista abandona su zona de confort y se aventura hacia lo desconocido, afrontando una serie de desafíos (que tienen que tener sentido dentro de la trama) y que llevarán a la resolución final del conflicto.
El segundo acto tiene que tener además un importante condicionante y es que debe desarrollar el arco del personaje. Es decir, nuestro protagonista tiene que evolucionar y cambiar a lo largo de este segundo acto. Las experiencias que viva durante el segundo acto modifican su forma de ser, de acoplarse al mundo, de vivir. Hacia la mitad del segundo acto, tiene que existir lo que se conoce como punto de giro. Es el momento en la historia en el que todos hemos dicho alguna vez: «Pero… esto no puede estar pasando». El plan que tenga el protagonista se irá a la porra y tiene que cambiar sobre la marcha, desarrollar una nueva estrategia. Si somos buenos en esto, el giro hará que las cosas se compliquen aún más.
Una buena novela tiene un nudo potente, lleno de enfrentamientos. A los lectores les gusta que puteemos a los personajes. Así que hay que ponérselos muy difícil. De cualquier manera, cada descubrimiento o cada hazaña en la historia debe llevar al protagonista a un desastre total. A ese punto del segundo pilar que va a ser el detonante para que se resuelva el conflicto.
Es el punto «Luke, yo soy tu padre». Todas las creencias del protagonista caen y se queda desnudo ante el conflicto. No puede más, así que nos apiadamos de él y le echamos un cable en la resolución de su problema. Y llegamos de esa manera al final, al tercer acto.
Acto tercero: el final
El final es el último 25% de la novela. El protagonista se enfrenta a lo que sea y, para ello, utiliza todo lo que ha aprendido en los dos actos anteriores. Incluso en comedia romántica, el protagonista decide dejar a un lado sus prejuicios para conseguir a la chica. Para ello, pondrá en marcha un nuevo plan. Y ese nuevo plan le lleva a una última batalla contra el antagonista (contra lo que sea que hay estado matándolo — acuérdate de los tres tipos de muerte— en los dos actos anteriores).
Y luego viene la resolución: el «vivieron felices y comieron perdices», el the end. No dejes cabos sueltos de ninguna subtrama, a menos que pienses continuar la historia por ahí. Pero el remate final, el dejar al lector con la sensación de que ha terminado de forma satisfactoria es lo que te va a dar la oportunidad de que te vuelvan a leer. Así que cuida los finales.
SE PARECE MUY INTERESANTES LOS COMENTARIOS, LA VERDAD ES QUE NO PENSABA EN TODOS LOS DETALLES QUE COMENTAS, ALGUNO COMO EL ACTO 1 – EL CONFLICTO.