
Enlaces y títulos mencionados en el texto:
- Blog de Neil Gaiman
- Bilogía de Leyendas de la Tierra Límite:
- El blog de la doctora Jomeini
- El color del silencio
- No soy nadie porque nadie me espera
- Por una rosa
- Las sombras de Longbourn
- Microcuento «El monstruo»
- «Escribe ya» de Hugo Camacho
- Mi página de Facebook
Una de las cosas que tiene que soportar un médico es que, en cualquier sitio en el que esté, le pidan consulta gratuita. Por ejemplo, imagina que estás en una barbacoa y alguien se pone a contarte que se hizo una herida y se le infectaron los puntos mientras tú intentas desconectar. Cada profesión tiene su aquel porque, ahora, que ya no me dedico a la Medicina, hay dos preguntas que me repiten constantemente. La primera es «¿de dónde saco las ideas?» Y la segunda: «¿cómo me organizo para que me dé tiempo de todo?»
Así que he decidido que hoy le voy a dedicar el podcast a la primera y el siguiente episodio a la segunda y así, cuando alguien me pregunte, podré decirle: «Pues, mira, en el podcast del Escritor emprendedor, en los episodios 5 y 6 tienes la respuesta larga».
Ideas para una novela
Leí en el blog de Neil Gaiman que él, cuando le preguntaban de dónde sacaba las ideas, le daba a la gente al principio respuestas divertidas en plan: «Oh, la he sacado del Club de la Idea del mes» o «de una pequeña tienda de ideas en no sé dónde» o «de un libro polvoriento lleno de ideas que encontré en mi sótano».
Como a todos nos encanta saber el principio último de las cosas, a nadie le gusta que le contesten: «Pues la verdad es que las saco de mi cabeza», porque eso no tiene salseo. Creen que nos estamos guardando información. No se dan cuenta de que una vez te acostumbras a anotar tus ideas, es como si te hubieras desarrollado la habilidad de manejar un cazamariposas, de manera que cada mariposa que pasa frente a ti puede terminar cayendo en tus redes.
Las ideas son como las semillas. Es prácticamente imposible saber cuál de ellas germinará.
Por eso, los escritores, en general, nos convertimos en coleccionistas de ideas. Mi bilogía de fantasía juvenil Leyendas de la Tierra Límite surgió del aburrimiento. Estaba en una conferencia, en la que hablaban de la célula, y el conferenciante era muy aburrido. Tenía un tono de voz monótono. Así que mi cabeza empezó a divagar. La imagen de la pantalla sobre la que proyectaba sus diapositivas era una célula vista de cerca, con una barrera celular que protegía el interior de las infecciones del exterior. Y pensé en que eso mismo podría trasladarse a un mundo fantástico. La barrera celular se transformó en ese momento en la Tierra Límite.
Mi intención hoy no es darte una conferencia de media hora sobre el proceso creativo porque cada escritor tiene su propia forma de sacar ideas, sino demostrarte cómo puedes vencer el bloqueo cuando te piden un cuento para tal antología o necesitas un relato para participar en no se qué concurso y no se te ocurre nada.
Pero quiero que tengas claro una cosa y es que las ideas no son lo importante. Todo el mundo tiene una idea, como todo el mundo tiene un culo. Es la típica frase que te dicen en las firmas de libros: «Yo también tengo una idea para una trilogía pero no he tenido tiempo de sentarme a escribirla». En esos momentos sonríes con educación y asientes, mientras que, por dentro, piensas en que ahí está la diferencia.
Tener ideas no es lo difícil: lo realmente complicado es hilar esas ideas de manera que se transformen en algo creíble.
Y terminar convirtiendo eso —que en un principio era solo una idea—, en una novela, un relato, un poema…
Porque lo que más cuesta de todo es precisamente eso: sentarse día tras día, llueva o truene, a escribir.
Pero vamos a lo que vamos: las ideas.
¿De dónde sacar ideas para una novela?
1) De nuestra vida
Probablemente, el sitio mejor para obtener ideas es nuestra propia vida. Si te dedicas a la publicidad, puedes hacer mucho más creíble una protagonista que se dedique a la publicidad que si no te dedicas a ello. Aparte de que te es más sencillo incluir guiños reconocibles por todos aquellos que se dediquen a esta profesión.
Eso me pasó con mi primera novela El blog de la doctora Jomeini (que es una comedia romántica ambientada en los quirófanos). La gente pensó que era un blog real, que la historia de amor que se contaba en ella era mi propia historia de amor y que todas las andanzas que le pasaban a la protagonista las había sufrido yo misma en mis propias carnes. No era así, pero sí que mi propia
experiencia en el trabajo de anestesista me sirvió para hacer mucho más creíble el ambiente del quirófano.
Pero no solo eso. Las pequeñas incidencias de nuestra vida diaria pueden disparar un cuento o una historia. Solo tenemos que tener el radar entrenado para anotarlas. Eso nos lleva al siguiente punto.
2) De ser curioso
Una de las cosas que más caracteriza a un escritor es la curiosidad. Pongamos que se nos estropea el ordenador. Llamamos al servicio técnico y viene a repararlo una mujer. Uno de los puntos que lleva a una historia es la curiosidad: ¿Quién es esa mujer? ¿Hay alguna historia en su vida? Como dijo Henry James, un buen escritor debe desarrollar el poder de «adivinar lo no visto a partir de lo visto».
Cuando voy en el transporte público suelo tomar notas mentales de las personas que me rodean para incluirlas como personajes de mis novelas. Sí, soy así de psicópata, pero no me digas que nunca has hecho esto. Ser escritor te permite inventarte una vida para cada uno de ellos, gente anónima a la que posiblemente nunca vas a llegar a conocer, pero que tiene una vida superapasionante. De hecho, muchos de los personajes de la gran Agatha Christie surgieron de esta manera.
Si no has hecho esto nunca, hazlo como ejercicio la siguiente vez que estés en una cola o en el metro. La generación de ideas es como un músculo y tiene que entrenarse para que funcione. El primer día que vas al gimnasio es muy frustrante (es aún más frustrante al día siguiente cuando tienes agujetas en las pestañas, pero eso no viene ahora al caso), pero poco a poco empieza a ser más sencillo.
3) ¿Qué pasaría si?
La historia es una fuente de ideas increíble. Puede que leas una anécdota histórica, como le pasó a Elia Barceló a la hora de escribir El color del silencio y esa anécdota te sirva para ir devanando el hilo de una historia alrededor de ella.
El «¿qué pasaría si?» es una técnica maravillosa para desarrollo no solo de novela histórica (¿Qué pasaría si hubiera un inglés llamado La pimpinela escarlata que salva a los franceses de la guillotina en la Revolución Francesa?)
Te puedes plantear algo como ¿qué pasaría si ese técnico que ha venido a repararme el ordenador en realidad fuera un hada? O ¿qué pasaría si, en lugar de darme un examen, el profesor me pasa una confesión de asesinato? O ¿qué pasaría si en la bolsa que tiene este hombre que está sentado delante de mí hubiera una cabeza de unicornio? O ¿qué pasaría si los perros consiguieran dominar el mundo?
En fin, la imaginación no tiene fronteras y no hay límites a los temas sobre los que puedas escribir más allá de la documentación. Hace muy poquito escribí un cuento para Windumanoth sobre Charles Darwin y Charles Dickens. La idea surgió de un documental sobre las medusas que no tenía nada que ver con estas dos personalidades pero que las recogió al pensar en qué pasaría si esto lo hubiera estudiado Darwin en sus teorías de evolución de las especies. Puedes usar personajes reales, documentarte y jugar con la Historia.
4) De los MacGuffin
Los MacGuffins son objetos que tu protagonista tiene que encontrar. Por ejemplo, el Arca de la Alianza de Indiana Jones. La búsqueda de esos objetos es la base de la historia.
Puedes elaborar una historia a partir de un objeto, de una imagen, de un cuadro. Jorge Solera escribió su novela No soy nadie porque nadie me espera a raíz de la contemplación de un cuadro de Edward Hooper.
5) Los retellings
Puedes escribir tu novela a partir del esqueleto de otro libro. Eso es lo que se llama un retelling. Por ejemplo, Por una rosa es un libro compuesto por tres relatos escritos por Javier Ruescas, Laura Gallego y Benito Taibo. Los tres son interpretaciones del cuento de la Bella y la Bestia. En el caso de Taibo, una interpretación tan libre que ni siquiera lo llamaría retelling, pero la idea es la misma.
O por ejemplo, puedes escribir un spin off de un personaje de otra novela. Las sombras de Longbourn, de Jo Baker usa los pasajes en los que aparecen los criados en la novela de Jane Austen Orgullo y prejuicio y elabora una historia paralela sobre la relación entre dos de ellos, usando la novela de Jane Austen como fondo pero consiguiendo su propia novela totalmente original.
Estamos rodeados de millones de estímulos, sonidos, olores, cosas que suceden a nuestro alrededor. Pero tu impresión de las que cosas que te rodean siempre va a ser diferente de la mía porque tus ideas están filtradas por la experiencia y el carácter.
6) Las palabras encadenadas
Puede que todo esto que te he contado hasta ahora no te sirva. Estás realmente bloqueado y no se te ocurre absolutamente nada. En ese caso, hay un método que suele funcionar. Es el método de las palabras encadenadas.
A veces, voy a colegios o a institutos a dar una charla de una hora sobre cómo construir una novela. Y para empezar uso este método. Les pido a los chicos que me digan tres palabras al azar. En ocasiones, me toca una clase poco imaginativa y son palabras muy parecidas, como por ejemplo, lápiz, bolígrafo y goma. En ese caso, utilizo un libro y les pido que me digan la primera palabra que vean al abrirlo.
Así surgió mi relato «El monstruo» a raíz de las palabras bombilla, monstruo y puerta.
Y si aún así no se te ocurre nada, hay un libro editado por Hugo Camacho —que se llama Escribe ya— en el que te da 100 ideas (o disparadores creativos) para escribir una historia. Y tú me dirás: «Pero mi idea será la misma que la de otra persona que haya comprado el mismo libro». La verdad es que las ideas no importan, lo que importa es lo que hagas con ellas. Y a pesar de tener el mismo disparador creativo, como te decía antes, el filtro es diferente y tu novela no se va a parecer en nada a la que escriba otro escritor.
Sin embargo, nada es verdaderamente original. Casi siempre alguien ha escrito ya antes sobre eso. La originalidad de tu historia va a venir de la combinación de varias cosas en algo nuevo, aderezadas por tu forma de contarlas. Eso es lo que hace que se convierta en algo distinto.
¿No me crees? ¿Cuántas novelas has leído, empezando por Romeo y Julieta, sobre la relación entre un hombre y una mujer en la que existe un impedimento por la condición de ambos. Esa es la misma idea de Crepúsculo, por ejemplo. Pero no le salió tan bien.
El problema de las ideas empieza cuando ya sabes captar ideas y te acostumbras a tener el móvil (por cierto, son maravillosas las aplicaciones de Evernote o de Pocket para esto) o miles de cuadernos llenos de ideas para tus historias. Tantas que no sabes cuál escoger. No te preocupes, ellas solitas buscan camino.
Una idea no tiene por qué ser una trama, solo es un lugar para comenzar a crear. Los esquemas (que es lo que luego van a dar lugar a la novela en sí) se generan cuando uno empieza a darle vueltas a una de esas ideas. A veces, incluso cuando se unen más de una idea.
Así pues, cuando os pregunten: «¿De dónde sacas las ideas?», podéis contestar «Oh, pues de un podcast muy chachi de una tal Ana González Duque». Os prometo que esto es como las Pringles: «Cuando hay pop, ya no hay stop».