“Escribir es fácil. Solo tienes que unir las palabras adecuadas”

Supongo que comenzar un artículo con un cita como esta, de Mark Twain, puede parecer algo pretencioso. Bueno, es que yo soy un tipo con ínfulas… Qué le vamos a hacer.

Hoy te quiero hablar de cómo organizarte para escribir un libro. Por norma general, todos los que nos dedicamos al oficio de la tecla, tenemos la certeza de que la peor parte de todo este tinglado es publicar. Error. Nos olvidamos de que lo más difícil es, en realidad, escribir.

Más allá de escribir, que puede no resultarnos tan difícil, el verdadero problema para muchos de nosotros, es encontrar tiempo para escribir. Esta es la parte realmente complicada, encontrar ese momento ideal entre llevar a los niños al cole, salir del trabajo, hacer las tareas de casa y ver el último lío de faldas de algún famosete.

Encontrar tiempo para escribir. 

Dice que «el que algo quiere, algo le cuesta» y así es. Si lo que quieres es escribir una novela, vas a tener que poner de tu parte. Si pretendes organizarte para escribir, necesitarás tener mucha disciplina —y fuerza de voluntad—.

Cuando terminé de escribir Blackwood, me pasé meses soñando con escribir otra novela. Una que fuera mejor, más larga, con una temática más profunda. Me pasé semanas pensando en ella, incluso empecé a hacer una escaleta. Tenía cosas muy importantes que contar… Pero nunca encontraba tiempo para hacerlo.

No fui capaz de encontrar ese momento de iluminación, no logré encontrar el momento perfecto para escribir.

No pude hacerlo porque no lo hay. Nunca es buen momento para escribir. No existe ese momento para escribir. Si no quieres, no lo encontrarás nunca.

Escribir un libro es un proceso, como aprender a caminar. No te sientas y, de buenas a primeras, aparece una novela de la nada. Tienes que encontrar tiempo, sentarte y escribir una palabra, después una frase, luego un párrafo y, si tienes suerte, un capítulo.

El problema real es encontrar ese tiempo.

El tiempo perdido.

Tengo que hacer un breve inciso, espero que me perdones.

Muchas personas recuerdan su infancia sin muchos problemas, yo no tengo esa suerte. Yo solo tengo algunos recuerdos sueltos aquí y allá. Sin embargo, tengo un recuerdo muy presente cada día. Mi madre. Ella trabajaba a todas horas, cuando yo era pequeño apenas la veía y eso fue así durante mucho tiempo.

Mi madre llegaba a casa cuando yo estaba acostándome. Durante muchos años, apenas pude verlas más que unos minutos al día. Y eso cuando tenía suerte.

Eso me ha hecho pensar mucho en cómo organizamos el tiempo las personas. Mi madre trabajaba mucho y no podía hacer lo que de verdad quería —estar con su familia—. Nosotros, por norma general, hacemos lo mismo. Pasamos la mayor parte del tiempo haciendo cosas que no nos gustan y cuando queremos escribir… Ya no nos queda tiempo o estamos demasiado cansados.

Llegas a casa del trabajo completamente roto, lo único que te apetece después de aguantar las chorradas de propios y extraños es sentarte, tomarte una birra —o un té—, comer guarradas y ver la televisión.

Cómo perdí mi tiempo. 

Como te decía, después de terminar y publicar mi primera novela, tenía unas ganas terribles de escribir. Sin embargo, nunca me ponía.

El problema es que, entre otras cosas, había cambiado mis hábitos. Había pasado de trabajar en casa a tener que ir cada día a una oficina. Ya sé que no es para tanto, pero para una persona que lleva tiempo trabajando desde casa —con la tranquilidad espiritual que eso supone— el cambio fue traumático.

Cada día llegaba a casa arrastrando el estrés de la oficina, las quejas de los compañeros, las quejas del jefe. Era terrible, cuando llegaba a casa solo quería salir por ahí. De hecho, algunos días ni pasaba por casa, directamente me iba a tomar unas cervezas y despejarme.

Tenía ganas de escribir, tenía una gran idea, incluso tenía una escaleta, sin embargo, no tenía la fuerza de voluntad necesaria para organizarme y escribir.

Continuamente me quejaba de que no tenía tiempo de escribir. Cada dos por tres, a escondidas, tecleaba algunas frases en DRIVE desde la oficina… Pero nunca me sentaba a escribir.

La tiranía del sueño. 

En algún momento me di cuenta de que necesitaba cambiar mi dinámica como fuera. Revisé muchos artículos sobre cómo organizarte para escribir, de entre todos el que más útil me resultó fue este de Gabriella Campbell, en el que daba un truco demasiado sencillo: levantarse más temprano.

Yo soy una persona de hábitos nocturnos y me cuesta mucho acostarme, siempre hay una página más que leer, otro episodio que ver… Por eso me levantaba con el tiempo justo para ir a trabajar.

Gracias a Gabriella descubrí que los seres humanos podemos ser perfectamente funcionales durmiendo siete horas o seis. Empecé a levantarme más temprano y, lo primero que hacía al despertar, era escribir.

En poco tiempo —me costó bastante al principio— recuperé el ritmo. En dos semanas estaba por encima de las dos mil palabras al día.

¿Cómo lo hice? Con disciplina. Nada más… ¿me ayudó levantarme antes? Puede que sí. Aunque, para mí, el cambio real vino desde dentro; me obligué a levantarme y escribir. Si te digo la verdad, creo que hubiese tenido el mismo efecto si me hubiese obligado a hacerlo a la hora de la siesta o por la noche.

Lo único que realmente necesitaba era disciplina.

Cómo organizarte para escribir. 

Levantarte más temprano es una forma de organizarte para escribir. Sin embargo, no es la única.

Puedes empezar por decidir sobre qué quieres escribir o establecer un mínimo de palabras diario —yo creé un grupo en Facebook para escribir 500 palabras al día—, puedes establecer un tiempo de escritura diario o puedes darte plazos.

Encontrar tiempo para escribir y organizarse no siempre es fácil, algunas veces no sabrás qué hacer y otras, no encontrarás la forma de cumplir con tus reglas.

Por eso, Ana fichó a su tocaya, Ana Bolox para que hiciera en la plataforma de MOLPE un curso sobre gestión del tiempo para ayudarte a encontrar métodos de trabajo que te permitan organizarte mejor y aprovechar el tiempo de escritura.

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Ana Bolox resumió en este curso el método que le salvó la vida y que la propia Ana González Duque (qué lío de Anas) utiliza en su día a día.

¿Y a ti te cuesta organizarte para escribir?

¿Sacas tiempo para esas 500 palabras diarias? 

Escritor de terror. Copywriter.

Jaume Vincent

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