
En todo emprendimiento, hay subidas y bajadas. No todo es tan bonito como lo muestra instagram. Por eso, este episodio va sobre todo lo que salió mal en 2025 en mi propio emprendimiento y cómo me he propuesto resolverlo, por si a ti también te sirve.
Libros y enlaces mencionados en el episodio:
- El escritor emprendedor
- La música secreta del verano
- Contraindicaciones del verbo escribir
- Plataforma de cursos de MOLPE
Resumen del episodio (sin salseo)
Hablar de fracaso en el mundo del emprendimiento creativo sigue siendo incómodo. No porque no exista, sino porque rara vez se cuenta. En redes vemos lanzamientos que funcionan, cifras redondas, proyectos que crecen y decisiones que parecen siempre acertadas. Lo que no se ve es todo lo que ocurre entre medias: los meses flojos, las dudas, los errores estratégicos, el cansancio acumulado y esa sensación difusa de estar haciendo algo mal cuando, en realidad, lo que falla es el contexto.
En este episodio del podcast hablo precisamente de eso: de cómo gestionar el fracaso cuando eres escritora y además emprendes. No desde el discurso épico ni desde la psicología positiva mal entendida, sino desde una mirada más realista y, sobre todo, más útil. Desde la mirada real de mi catastrófico año 2025.
Uno de los grandes problemas a la hora de gestionar el fracaso es que solemos interpretarlo como algo personal. Cuando algo no funciona, el primer impulso no suele ser revisar la estrategia, sino cuestionar la propia valía. Aparece el síndrome del impostor, la comparación constante con otros y la sensación de ir siempre un paso por detrás. Y eso es especialmente peligroso en profesiones creativas, donde identidad y trabajo están profundamente mezcladas.
En el episodio se aborda cómo las redes sociales distorsionan nuestra percepción del éxito. Nuestro cerebro no está preparado para interpretar fragmentos aislados de la vida de otros como si fueran procesos completos, pero aun así lo hace. Comparamos nuestro día a día, con sus luces y sombras, con los momentos más brillantes de los demás. Y, claro, perdemos siempre. No porque estemos fallando, sino porque estamos usando una referencia falsa.
Otro punto clave es desmontar la idea de que todo fracaso tiene que traer una lección inmediata. No siempre es así. Hay fracasos que no son pedagógicos, ni bonitos, ni transformadores en el momento. A veces lo único que toca es resistir, no tomar decisiones precipitadas y aceptar que no todo se puede convertir en aprendizaje exprés. La obsesión por «sacar algo positivo» de todo puede convertirse en una forma más de presión.
También hablo de algo fundamental: diferenciar identidad de estrategia. La estrategia puede fallar, cambiarse, ajustarse o abandonarse. La valía, no debería estar en cuestión. Cuando haces ese cambio de marco, el fracaso deja de ser un juicio sobre quién eres y pasa a ser una señal sobre qué no es sostenible tal y como está planteado ahora.
Gestionar el fracaso no va de evitarlo, sino de aprender a mirarlo sin que te destruya por dentro. De entender que parar no siempre es rendirse, que podar no es fracasar y que recalcular también es avanzar, aunque no quede bien contado en Instagram.
Este episodio no ofrece fórmulas mágicas ni respuestas cerradas. Ofrece contexto, preguntas más útiles y una mirada honesta sobre una parte del camino que casi nunca se enseña, pero que forma parte inevitable de emprender como escritora.


Felicidades por este ejercicio de transparencia, Ana. Un episodio muy revelador. Sin embargo, sí que tengo la sensación de que todos hemos podido aprender algo de estos “fracasos”. Te doy las gracias por ello. Por cierto, qué duro, y a la vez necesario, me parece desprenderse de lo que no funciona, o saber frenar para coger aire.
Mil gracias por este episodio, no sabía lo mucho que necesitaba escuchar algo así <3
Pues me alegra muchísimo que te haya servido, de verdad.
¡Cómo te entiendo, Ana! El 2025 ha sido un año chunguillo en general. Suscribo lo que dices y desde dónde lo dices. Enhorabuena por este pódcast tan necesario.
Evolucionar también es decidir, y toda decisión implica ganar o tomar algo y perder o soltar otra cosa. Evolucionar es escoger qué seguir haciendo, qué dejar de lado y con qué ritmo.
Besazo.
Mil gracias, Mariana